Instalamos un wet scrubber en la chimenea de nuestra fundición de bronce a principios del mes pasado. La decisión la tomamos después de que una inspección municipal nos notificara que los niveles de material particulado fino superaban el límite permitido en dos ocasiones durante el trimestre anterior.
El equipo que recibimos es un scrubber de lecho empacado con un caudal de diseño de 12.000 m³/h. Durante las primeras dos semanas ajustamos el pH del líquido de lavado tres veces porque el agua de la red local tiene una dureza alta y generaba incrustaciones en los inyectores. El técnico de soporte nos recomendó instalar un filtro de sedimentos aguas arriba del sistema de recirculación, y desde entonces el diferencial de presión se mantiene estable entre 8 y 10 mbar.
Lo que más valoro es que el manual de operación incluye una tabla con los caudales mínimos para cada tipo de partícula. Eso nos permitió calibrar la bomba sin depender de llamadas telefónicas. La eficiencia de captura medida con un analizador de partículas láser pasó de 82% en la primera semana a 97% después del ajuste de pH y la instalación del prefiltro.
El ruido del ventilador es más alto de lo que esperaba — 78 dB a un metro — pero instalamos una cabina acústica alrededor del motor y el nivel bajó a 62 dB. El consumo eléctrico promedio es de 4,3 kW, dentro del rango que nos cotizaron. La única molestia real es que el drenaje del tanque de lavado requiere una pendiente mínima de 2% que no teníamos en el piso original; tuvimos que hacer una pequeña obra civil para corregirlo.
En resumen, el equipo cumple lo prometido. La curva de aprendizaje fue más corta de lo que temía y el soporte técnico respondió en menos de cuatro horas cuando llamé por el tema de las incrustaciones. Planeo hacer una revisión más detallada después del tercer mes, cuando hayamos acumulado datos de mantenimiento preventivo.